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Bicicleta sin los ruedines que ha estado usando hasta ahora

Lo que cambia… aunque nosotros no

Hay algo que me llama mucho la atención de cómo entendemos el cambio, especialmente cuando ocurre de forma gradual.

Tendemos a imaginarlo como un interruptor. Un antes y un después. Un «todavía no» y un «ya está».

Quizá por eso nos sentimos cómodos diciendo cosas como «ya está preparado», «ya ha aprendido» o «ya no necesita ayuda». Como si existiera un instante exacto en el que todo cambiara.

Pero la realidad casi nunca funciona así. El cambio gradual apenas se percibe mientras está ocurriendo.

Bicicleta sin necesidad de apoyo como símbolo del desarrollo progresivo de la autonomía y el cambio gradual a la hora de aprender a montar en bicicleta.

Un niño no aprende a montar en bicicleta en un instante concreto. Hay un día en el que deja de caerse tantas veces. Otro en el que mantiene el equilibrio unos metros más. Otro en el que apenas necesita que alguien corra a su lado. Y, bastante después, llega el momento en el que alguien decide quitar los ruedines.

Lo curioso es que el cambio no ocurre cuando quitamos los ruedines.

El cambio llevaba tiempo ocurriendo.

Nosotros simplemente tardamos un poco más en verlo.

Creo que con las personas pasa exactamente lo mismo.

Y con los equipos.

Y con las organizaciones.

Esperamos un momento claro que nos permita decir: «ahora sí». Ahora ya puede hacerlo solo. Ahora ya está preparado. Ahora ya podemos dejar de intervenir.

Pero ese momento casi nunca existe.

Lo que existe es un proceso de cambio gradual tan sutil que, mientras está ocurriendo, apenas lo percibimos.

Hace tiempo descubrí uno de los experimentos de Daniel Simons sobre cómo nuestro cerebro puede pasar por alto cambios que están ocurriendo delante de nuestros ojos, y desde entonces vuelvo a él de vez en cuando porque siempre me hace replantearme cuánto creemos ver… y cuánto vemos realmente.

Si te apetece verlo, este experimento del famoso vídeo The Monkey Business Illusion dura apenas unos minutos y merece mucho la pena.

Quizá por eso seguimos revisando documentos que ya no hacía falta revisar. O mantenemos reuniones que un día tuvieron sentido. O seguimos validando decisiones que otros podrían tomar solos. No porque alguien haya hecho algo mal, sino porque seguimos relacionándonos con una realidad que lleva tiempo cambiando.

Una mamá gallina ayudando a que su polluelo salga de su caparazón. De ahí el término "mamagallinismo" refiriéndose a hacer cosas que otros pueden perfectamente hacer.

Y fue mientras escribía estas líneas cuando me di cuenta de algo que no había visto hasta entonces.

Las tres conversaciones de esta semana hablaban, en el fondo, de lo mismo.

Durante varios días pensé que estaba escribiendo sobre ideas diferentes. Ha sido al terminar la semana cuando me he dado cuenta de que todas apuntaban al mismo lugar.

No hablaban de ayudar. Ni de delegar. Ni de quitar los ruedines.

Hablaban de lo difícil que nos resulta reconocer un cambio cuando ocurre poco a poco.

Quizá por eso seguimos ayudando más de la cuenta. No porque la otra persona siga necesitándolo, sino porque nosotros seguimos esperando una señal definitiva que confirme que ya no hace falta. Hace unas semanas escribía precisamente sobre esa función invisible que muchas veces ejercemos en los equipos sin darnos cuenta y sobre cómo, con la mejor intención, también podemos limitar el crecimiento de quienes nos rodean.

No nos cuesta aceptar que las personas cambian.

Lo que nos cuesta es reconocer ese cambio mientras está ocurriendo.

Esperamos un momento que marque un antes y un después. Pero, cuando ese momento parece llegar, en realidad el proceso lleva tiempo desarrollándose delante de nosotros.

Y quizá por eso llegamos tarde a tantos cambios que ya estaban ocurriendo delante de nosotros.

No solemos reaccionar cuando las cosas cambian.

Reaccionamos cuando, por fin, somos capaces de ver que ya habían cambiado.

Planta que al hacerse grande ha roto el tiesto y sus raíces salen fuera de él.

Y desde entonces no consigo quitarme una pregunta de la cabeza.