Pinta la agilidad como siempre has querido hacerlo

Cómo desaparece la participación en los equipos

Sobre las señales que aparecen mucho antes de que alguien deje de sentirse parte

Hay cambios en la participación en los equipos que hacen mucho ruido.

Un conflicto abierto.
Una discusión tensa.
Una renuncia inesperada.

Son fáciles de detectar porque obligan a mirar.

Pero también existen otros cambios mucho más silenciosos.

Cambios que no aparecen en los indicadores.
Que no generan conversaciones urgentes.
Que no provocan ninguna alarma visible.

Simplemente empiezan a ocurrir pequeñas cosas.

Y desde fuera… todo sigue funcionando.

Las reuniones se celebran.
El trabajo se entrega.
Los objetivos avanzan.

Nadie diría que hay un problema.

Y sin embargo, algo empieza a cambiar en cómo las personas están dentro del equipo.

La diferencia entre cumplir y sentirse parte

Hay personas que cumplen perfectamente.

Entregan a tiempo.
Asisten a las reuniones.
Responden los mensajes.
Hacen lo que se espera de ellas.

Y muchas veces lo hacen bien.

Pero existe una diferencia difícil de medir entre alguien que cumple y alguien que siente que lo que hace también es un poco suyo.

La persona implicada suele hacer algo más.

No necesariamente algo heroico.

Simplemente, de vez en cuando, propone una idea que nadie pidió.
Hace una pregunta incómoda.
Se adelanta a un problema.
O dedica energía a algo porque siente que merece la pena cuidarlo.

No porque tenga obligación.

Sino porque siente cierta conexión con lo que está construyendo.

Y esa diferencia, aunque cuesta verla, cambia muchísimo las dinámicas de un equipo.

Macetas con distintos niveles de crecimiento representando las señales silenciosas de desconexión y pérdida de participación en los equipos.

Las señales pequeñas que afectan a la participación en los equipos

Las personas rara vez dejan de participar de un día para otro.

Normalmente ocurre poco a poco.

Primero dejan de proponer algunas ideas.

Después dejan de insistir en ciertos temas.

Más adelante dejan de anticipar problemas que antes habrían señalado.

Las preguntas empiezan a desaparecer.

La energía se vuelve más plana.

Y poco a poco aparece algo curioso.

La persona sigue estando.

Pero desde más lejos.

Sigue entregando.
Sigue asistiendo.
Sigue respondiendo.

Por eso resulta tan difícil de detectar.

Porque la desconexión y el rendimiento pueden convivir durante mucho tiempo.

Y cuando todo sigue funcionando, es fácil asumir que todo sigue igual.

Pero no sigue igual.

Simplemente han dejado de ocurrir algunas cosas que antes sucedían de forma natural.

Lo que deja de ocurrir

Cuando la participación empieza a desaparecer, los equipos no se rompen inmediatamente.

De hecho, muchas veces siguen funcionando durante meses o incluso años.

Lo que ocurre es algo más sutil.

Dejan de aparecer determinadas conversaciones.

Nadie cuestiona ciertas decisiones.

Nadie propone caminos alternativos.

Nadie señala algunos riesgos.

Nadie pregunta por qué hacemos las cosas de una determinada manera.

Y como no hay conflicto, la situación puede interpretarse como algo positivo.

Madurez.

Alineamiento.

Buen ambiente.

Pero la ausencia de conflicto y la salud organizacional no siempre son la misma cosa.

Los equipos sanos también tienen desacuerdos.

También tienen preguntas incómodas.

También tienen conversaciones que obligan a detenerse cinco minutos más para pensar mejor.

Cuando todo eso desaparece, conviene prestar atención.

Porque quizá no estamos viendo alineamiento.

Quizá estamos viendo adaptación.

Una pequeña encuesta que me hizo pensar

Durante esta semana lancé una encuesta preguntando qué suele hacer que las personas dejen de expresar lo que realmente piensan en un equipo.

La participación fue pequeña, así que sería exagerado sacar conclusiones generales.

Aun así, hubo algo que me llamó la atención.

La opción más votada fue evitar el conflicto.

Por delante de otras posibilidades como el cansancio acumulado o la sensación de que nada cambia.

Y eso me hizo pensar.

Quizá muchas veces las personas no dejan de hablar porque no tengan nada que decir.

Quizá dejan de hablar porque perciben que decirlo tiene un coste.

Una conversación incómoda.

Una tensión innecesaria.

Un desacuerdo que no parece merecer la pena abrir.

Y cuando el coste percibido de participar empieza a ser mayor que el beneficio esperado, la participación se reduce.

No de golpe.

Poco a poco.

Hasta convertirse en silencio.

Las conversaciones que viven fuera de la sala

Durante estos días apareció una pregunta que me pareció especialmente interesante:

¿Hay conversaciones que todo el mundo tiene en el pasillo pero nadie lleva a la sala?

Creo que esa pregunta explica muchas cosas.

Porque cuando una conversación existe fuera de la reunión pero nunca llega a producirse dentro, probablemente ya está ocurriendo algo importante.

No significa necesariamente que haya miedo.

No significa necesariamente que exista una mala cultura.

Pero sí puede indicar que algunas personas han aprendido que ciertos temas es mejor tratarlos en espacios informales que exponerlos donde realmente deberían discutirse.

Y cuando eso ocurre de forma habitual, el equipo pierde algo valioso.

Pierde información.

Pierde perspectivas.

Pierde oportunidades para aprender.

Pierde participación.

Una reflexión final

Las organizaciones suelen preocuparse cuando alguien se marcha.

Y es lógico.

Las renuncias son visibles.

Obligan a reaccionar.

Pero quizá algunas de las pérdidas más importantes ocurren mucho antes.

El día que alguien deja de proponer una idea.

El día que deja de insistir en algo que considera importante.

El día que decide que ciertas conversaciones es mejor tenerlas fuera de la sala.

Porque las personas rara vez dejan de participar de golpe.

Normalmente desaparecen poco a poco.

Y mientras eso ocurre, todo puede seguir funcionando.

Los indicadores pueden seguir en verde.

Los plazos pueden seguir cumpliéndose.

Las reuniones pueden seguir siendo tranquilas.

Pero algo importante ya no está ahí.

Y quizá por eso merece la pena hacerse una pregunta de vez en cuando:

¿Qué conversaciones crees que existen hoy en tu organización… pero ya casi nadie se atreve a llevar a la sala?


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